miércoles, 26 de febrero de 2014

Informe de actividad

Queridos lectores de mis cinco blogs y de mis dos páginas web, ¡ya habéis superado con creces los 27.000! Este blog en concreto tiene más de 700 entradas. En Facebook hay más de 2.000, en Twitter, más de 800. Nunca pensé que podía encontrar tantas personas interesadas en lo que escribo o publico. Gracias a todos por vuestra constancia y vuestro interés. Espero que sigáis leyendo mis opiniones y mis artículos muy variados, porque estoy preparando grandes novedades, escogidas entre los temas que más os interesan en base al número de lectores.

Este número tan elevado de personas interesadas en mis artículos, así como en mis libros, me anima a escribir con ahínco, haciendo hincapié tanto en la saga de novelas históricas relativas a fray Gian Galeazzo Ruspoli y los demás libros de historia o de antropología,  como en aquellas entradas que más os gustan y que por ello son las más populares. Ya redacté, por encargo de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, un artículo que se publicará en el libro conmemorativo del 25 aniversario de la creación, que se celebrará en 2014. El argumento se centra en la extraordinaria figura del primer príncipe de Poggio Suasa, don Emanuele Ruspoli, mi bisabuelo, que se alineó con los Saboya, enfrentándose a la familia históricamente vinculada a la nobleza negra. A través de su biografía describiré la historia de la creación del Reino de Italia. 

Gracias nuevamente por vuestro cariño, vuestros comentarios y vuestro apoyo moral que siempre he recibido desde el principio de esta nueva aventura literaria. Por medio de vosotros lograré seguramente culminar mi esfuerzo como escritor. Os confirmo que terminé de escribir El Profeso y los Borgia, la décima de la saga El Profeso. Esta vez mi protagonista Fray Gian Galeazzo Ruspoli y su hermosa hija Ginebra actuarán por primera vez en la interesante época del Renacimiento, entre Roma, Nápoles, Florencia y Ferrara, el Mediterráneo y Valencia. En paralelo relato la historia de los Borgia desde el cardenal Rodrigo de Borja, futuro papa Alejandro VI, hasta sus hijos Cesar, Juan, Lucrecia y Godofredo. Y dado que el ilustre linaje Borja entronca con el de mi mujer, he añadido también algunas anécdotas y unos secretos que nos han llegado por tradición oral. 

Además, acabo de terminar otra novela histórica, la undécima de la saga, esta vez ambientada en el siglo XIX, donde mi protagonista inicia un viaje esotérico a la búsqueda del perfeccionamiento del conocimiento de su energía interior para curar a los enfermos, titulada el Profeso y el chamán. Curiosamente, el argumento surgió durante la investigación que realicé acerca de los Borgia, al encontrarme con un Código antiguo que lleva el nombre de la familia. Encontraréis una sinopsis de esta historia fascinante que desmitificará la práctica del chamanismo en este blog y en el blog de la saga.

Codex Borgia


A continuación, ya terminé la siguiente novela que se  centra en la guerra del opio entre Inglaterra y China, en el siglo XIX... Gian Galeazzo creará esta vez, con la ayuda de su mujer, su hija y su mayordomo, una dinastía escocesa con el monopolio del comercio en aquel gran país. Se titula El Profeso y el opio, y la estoy escribiendo con tanto ritmo que pienso terminarla pronto. La cita de la novela es de Confucio: «Cuando vean a un hombre sabio, piensen en igualar sus virtudes. Cuando vean un hombre desprovisto de virtud, examínense ustedes mismos.»
Tras El Profeso y el opio, no podía dejar de escribir El Profeso y la villa nebulosa, una continuación de la novela anterior en tiempos actuales. Fray Gian Galeazzo, caballero profeso sanjuanista experto en artes marciales y sabiduría esotérica, entre otros atributos, posee poderes paranormales que le convierten casi en la única persona capaz para enfrentarse a una siniestra organización cuyo objetivo es dominar la economía mundial. La clave de esta conspiración se halla en la Villa Nebulosa, un remoto paraje de la selva vietnamita y reino privado de Khun Sa, un perverso traficante de armas que, además, controla el negocio del opio a escala internacional. Khun Sa está dispuesto a conseguir sus designios, y su poderío se basa en un arma secreta que puede reducir a escombros las principales ciudades del mundo. Con la inestimable ayuda de su fiel colaborador y mayordomo de su mansión de Nueva York, el ex policía Flash Gordon, Gian Galeazzo tendrá que superar innumerables obstáculos y peligros mortales para llegar a la Villa Nebulosa, ojo del huracán que se cierne sobre el mundo... 



Con todo afecto,






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viernes, 7 de febrero de 2014

El Profeso y la villa nebulosa

El Profeso y la villa nebulosa


Fray Gian Galeazzo Ruspoli, caballero experto en artes marciales y sabiduría esotérica, entre muchos otros atributos, posee poderes paranormales que le convierten casi en la única persona calificada para enfrentarse a una siniestra organización cuyo objetivo es dominar la economía mundial. La clave de esta conspiración se halla en la Villa Nebulosa, remoto paraje de la selva vietnamita y reino privado de Khun Sa, un perverso traficante de armas que, además, controla el negocio del opio a escala internacional. Khun Sa está dispuesto a conseguir sus designios, y su poderío se basa en un arma secreta que puede reducir a escombros las principales ciudades del mundo. Con la ayuda de su fiel colaborador y mayordomo de su mansión de Nueva York, el ex policía Flash Gordon, Gian Galeazzo tendrá que superar innumerables obstáculos y peligros mortales para llegar a la Villa Nebulosa, ojo del huracán que se cierne sobre el mundo... El Sr. Gordon participa por segunda vez en una misión del Profeso. El Profeso y la villa nebulosa, continuación de El Profeso y el opio (de la saga El Profeso) se lee como una novela independiente, pletórica de intriga y acción. Con su habitual destreza narrativa, Carlo Emanuele Ruspoli plasma un frenético universo de violencia, riesgo y sexo, genuino lado oculto del difícil y ardiente mundo en que vivimos.

lunes, 3 de febrero de 2014

¿Aún vive Drácula?

Cuando escribí la Hija del Profeso, un editor me preguntó si consideraba mi novela como histórica o fantástica. Le contesté que sin lugar a dudas se trataba de una novela histórica. Por esto intentaré desvelar el enigma de Drácula utilizando razonamientos lógicos.

A. EN TRANSILVANIA
A pesar de lo que tanto Bram Stoker como yo os he contado, tengo graves razones para dudar de que el Conde Drácula hubiese sido alguna vez efectivamente aniquilado. Por lo tanto decidí ir a Transilvania para investigar la verdad por mí mismo. Mis propósitos eran: (1) averiguar si el Conde Drácula vivía aún; (2) en el caso de que hubiera sido aniquilado deseaba ver sus verdaderos restos; (3) en el caso de que viviese aún, deseaba tener un encuentro con él. En la época en que estuve en Transilvania aproximadamente la mitad de sus habitantes eran humanos y la mitad eran vampiros. Los humanos y los vampiros son indistinguibles en su apariencia externa, pero los humanos (al menos en Transilvania) dicen siempre la verdad, mientras que los vampiros mienten siempre. Lo que complica enormemente la situación es que la mitad de los habitantes de Transilvania están totalmente locos y completamente engañados por lo que respecta a sus creencias ----creen que todas las proposiciones verdaderas son falsas y que todas las proposiciones falsas son verdaderas. La otra mitad está completamente cuerda y sabe qué proposiciones son verdaderas y qué proposiciones son falsas. Así pues, los habitantes de Transilvania son de cuatro tipos: (1) humanos cuerdos; (2) humanos locos; (3) vampiros cuerdos, y (4) vampiros locos. Todo lo que un humano cuerdo dice es verdadero; todo lo que un humano loco dice es falso; todo lo que un vampiro cuerdo dice es falso, y todo lo que un vampiro loco dice es verdadero. Por ejemplo, un humano cuerdo dirá que dos más dos es igual a cuatro; un humano loco dirá que no es igual a cuatro (puesto que él cree realmente que no lo es); un vampiro cuerdo dirá también que no es igual a cuatro (puesto que él sabe que es igual a cuatro y por tanto miente), y un vampiro loco dirá que es igual a cuatro (puesto que él cree que no es igual a cuatro y, por lo tanto, miente sobre lo que él cree).

1. Me encontré un día con un transilvano que dijo: «Soy humano o estoy cuerdo.» ¿De qué tipo era exactamente?

2. Otro habitante dijo: «No soy un humano cuerdo.» ¿De qué tipo era?

3. Otro habitante dijo: «Soy un humano loco.» ¿Es éste del mismo tipo que el anterior habitante?

4. Me encontré una vez un habitante y le pregunté: « ¿Eres un vampiro loco?» Él respondió: «Sí» o «No», y supe de qué tipo era. ¿De qué tipo era?

5. Me encontré una vez un transilvano que dijo: «Soy un vampiro.» ¿Puede inferirse si es humano o vampiro? ¿Puede inferirse si está cuerdo?

6. Supóngase que un transilvano dice: «Estoy loco.»
(a) ¿Puede inferirse si está cuerdo?
(b) ¿Puede inferirse si es humano o vampiro?

7. La inversa de un enunciado: «Si P entonces Q» es el enunciado «Si Q entonces P». Ahora bien, existen dos enunciados X e Y que son inversos mutuamente y tales que:

(1) Ninguno de los dos enunciados es deducible del otro. 
(2) Si un transilvano hace cualquiera de los dos enunciados 
se sigue que el otro debe ser verdadero.

¿Puedes proporcionar estos dos enunciados?

8. Dado un enunciado X, supóngase que un transilvano cree que él cree X. ¿Se sigue que X ha de ser verdadero?  Supóngase que él no cree que cree X. ¿Se sigue que X  ha de ser falso?

9. Supóngase que un transilvano dice: «Yo creo x.» Si es humano, ¿se sigue que X tiene que ser verdadero? Si es vampiro, ¿se sigue que X tiene que ser falso? ¡La respuesta a este problema constituye un principio general importante!

10. Me encontré una vez con dos transilvanos, A y B. Pregunté a A: « ¿Es B humano?» A replicó: «Eso creo.» Entonces pregunté a B: « ¿Crees que A es humano?» ¿Qué respuesta dio B (suponiendo que respondió «Sí» o «No»)?

11. Definamos a un transilvano como formal si es humano cuerdo o un vampiro loco y como informal si es un humano loco o un vampiro cuerdo. La gente formal es aquella que hace enunciados verdaderos; la gente informal es aquella que hace enunciados falsos (ya sea sin malicia o por engaño). Supongamos que preguntas a un transilvano: « ¿Eres formal?» y él te da un «Sí» o un «No» como respuesta. ¿Puedes determinar a partir de esta respuesta si él es o no un vampiro? ¿Puedes determinar si él está cuerdo?

12. Supongamos, en lugar de eso, que le preguntas: « ¿Crees que eres formal?» Él te da un «Sí» o un «No» como respuesta. ¿Puedes determinar ahora si él es un vampiro? ¿Puedes determinar si él está cuerdo?


B. ¿VIVE AÚN EL CONDE DRÁCULA?

13. Recordemos que la primera cuestión importante que deseaba resolver era la de si el Conde Drácula vivía aún. Bien, pregunté a un transilvano sobre el asunto y dijo: «Si yo soy humano, entonces el Conde Drácula vive aún.» ¿Puede determinarse si Drácula vive aún?

14. Otro transilvano dijo: «Si estoy cuerdo, entonces el Conde Drácula vive aún.» ¿Puede determinarse si Drácula vive aún?

15. Otro dijo: «Si soy un humano cuerdo, ¿entonces el Conde Drácula vive aún»? ¿Puede determinarse si Drácula vive?

16. Supóngase que un transilvano ha dicho: «Si yo soy un humano cuerdo o un vampiro loco, entonces el Conde Drácula vive aún» ¿Podría determinarse entonces si Drácula vive aún?

17. ¿Hay algún enunciado, que un transilvano pudiera hacer, y que te convenciese de que Drácula vive aún y también de que el enunciado es falso?

18. ¿Hay algún enunciado, que un transilvano pudiera hacer, tal que te convenciese de que Drácula vive aún y del cual no pudieses decir si el enunciado es verdadero o falso?

19. Supóngase que un transilvano hace los dos enunciados siguientes:

(1) Estoy cuerdo.
(2) Creo que el Conde Drácula está muerto.
¿Podría inferirse si Drácula vive?

20. Supóngase que un transilvano hace los dos enunciados siguientes:
(1) Soy humano.
(2) Si soy humano entonces el Conde Drácula vive aún.
¿Podría determinarse si Drácula vive aún?

C. ¿QUÉ PREGUNTA DEBE HACERSE?

21. ¿Puedes con una pregunta obtener información de un transilvano sobre si él es o no un vampiro?

22. ¿Puedes con una pregunta obtener información de un transilvano sobre si él está o no cuerdo?

23. ¿Qué pregunta podrías hacerle a un transilvano que le forzase a responder «Sí», independientemente de a cuál de los cuatro tipos pertenezca?

24. ¿Puedes con una pregunta obtener información de un transilvano sobre si el Conde Drácula vive aún?

D. EN EL CASTILLO DE DRÁCULA

Si hubiera tenido ojo y me hubiera dado cuenta de la respuesta al último problema me hubiera evitado un sinfín de desgracias. Pero estaba entonces tan aturullado, tan aturdido por esta clasificación entrecruzada de cuerdos y locos sobrepuesta a la de los que mienten y dicen verdad, que no podía pensar correctamente. Además, estaba un poco nervioso al estar en compañía de transilvanos, algunos de los cuales eran vampiros. ¡Y, con todo, me esperaba aún una situación más desconcertante! Aún no sabía si el Conde Drácula estaba vivo. Me parecía que solamente podría encontrar la respuesta si podía llegar al Castillo de Drácula. Por aquel entonces bien poco me daba cuenta de que esto, por razones que más adelante descubrirás, solamente complicaría el asunto. Sabía perfectamente dónde está el Castillo de Drácula y sabía que allí había mucha actividad. Sabía también que el castillo tenía un anfitrión, pero no sabía si este anfitrión era el Conde Drácula (dejando de lado la cuestión de si Drácula estaba aún vivo). Ahora bien, la admisión en el Castillo de Drácula era solamente mediante invitación, y las invitaciones se daban solamente a la flor y nata de la sociedad transilvana. Por lo tanto tuve que invertir varios meses de ardua escalada social antes de que me encontrase en una posición lo suficientemente elevada para ser invitado. El día llegó finalmente y recibí una invitación para asistir a una fiesta de varios días y noches de duración en el Castillo de Drácula.
Fui con grandes esperanzas y en seguida recibí mi primer chasco. Poco tiempo después de entrar en el castillo, me di cuenta de que había olvidado coger, en medio de mi apresuramiento, mi cepillo de dientes, un ajedrez de bolsillo y algún material de lectura. Así pues, me dispuse a dirigirme hacia la puerta para volver a mi hotel, pero fui interceptado por un transilvano fortachón y de aspecto brutal que me dijo educadamente, pero con gran firmeza, que una vez que una persona entra en el Castillo de Drácula, no puede en ningún caso abandonarlo sin permiso del anfitrión. «Entonces», dije yo, «me gustaría hablar con el anfitrión». «Por ahora esto es, absolutamente imposible», me informó, «pero yo puedo recoger un mensaje para él, si usted quiere». Bien, envié al anfitrión un mensaje preguntándole si podía abandonar el castillo durante un momento. La respuesta llegó rápidamente; era breve y además nada tranquilizadora. Decía: «Naturalmente, No.»

En consecuencia, estaba prisionero en el Castillo del Conde Drácula. Bien, ¿qué podría hacer yo? Obviamente, por el momento nada; así, a la manera realmente propia del Zen, decidí disfrutar de la noche en aquello que merecía la pena y entrar en acción en cuanto la primera oportunidad se presentase. El baile de aquella noche fue lo más magnífico que haya visto o leído alguna vez. Hacia las dos de la mañana decidí retirarme y se me mostró mi habitación. Asombrosamente, a pesar del infinito peligro en el que estaba, dormí profundamente. Me desperté hacia el mediodía del día siguiente y, después de una buena comida, me mezclé con los huéspedes, esperando obtener más información. Entonces recibí mi segunda sorpresa. Toda la gente (excepto yo mismo) pertenecía a un pequeño subgrupo de transilvanos de élite que en lugar de usar las palabras «Sí» y «No», usaban las palabras «Bal» y «Da» -¡precisamente del mismo modo que en la isla de los zombis! Así pues, me encontraba metido en una situación rodeado de los denominados «transilvanos de élite», cada uno de los cuales era o humano o vampiro, estaba loco o estaba cuerdo y, para remachar todo esto, no sabía lo que significaban las palabras «Bal» y «Da». De este modo las complejidades de los primeros transilvanos no pertenecientes a la «élite» a los que había interrogado fuera del castillo se combinaban con las complejidades de la isla de los zombis. Parecía que con mi llegada al castillo había pasado de Guatemala a Guatapeor.

Bien, al darme cuenta de esto, temo que perdí toda mi compostura propia del Zen y estuve absolutamente deprimido durante el resto del día. Me retiré temprano, sin preocuparme tan siquiera por ver la segunda noche de fiestas. Me encontraba rendido, incapaz de dormir o de pensar. Entonces, de repente, me sobresalté. Me di cuenta de que las nuevas complicaciones Bal-Da eran en realidad fácilmente manejables. Emocionadamente, tomé mi pluma y mi cuaderno de notas y comencé de inmediato a resolver los problemas siguientes:

25. Con una pregunta (susceptible de ser respondida por «Bal» o «Da») podía averiguar de alguien del castillo si era o no vampiro.

26. Con una pregunta podía averiguar SI estaba cuerdo.

27. Con una pregunta podía averiguar lo que significaba «Bal».

28. Si lo desease podría plantear a cualquiera del castillo una pregunta tal que le forzase a responder «Bal».

29. ¡Con una pregunta podía averiguar si Drácula vive! ¿Cuáles son esas preguntas?

E. EL ENIGMA DE DRÁCULA

¡Llegamos ahora al punto culminante! Al día siguiente obtuve toda la información que deseaba. Drácula estaba realmente vivo y era, de hecho, mi anfitrión. Ante mi sorpresa, averigüé también que Drácula era un vampiro loco y, por lo tanto, todo enunciado que él hacía era verdadero. Pero, ¿de qué me servía saber esto, ahora que estaba a merced del destino y corría el riesgo de ser convertido en un vampiro y perder mi alma para siempre? Después de algunos días concluyeron los festejos y se permitió marchar a todos los huéspedes excepto a mí. De modo que, virtualmente solo en lo que ahora era un lúgubre y macabro castillo, era prisionero de un anfitrión con el que hasta ahora no había tenido ningún contacto.No tuve que esperar mucho tiempo. Poco antes de medianoche se me sacó groseramente de un sueño profundo y fui escoltado, de manera educada pero firme, a las habitaciones privadas del Conde Drácula que, evidentemente, había solicitado tener una entrevista conmigo. Mi guía marchó y he aquí que me encontré frente al mismísimo Conde Drácula. Después de lo que me pareció una eternidad de silencio, Drácula dijo:

«¿Sabe usted que yo siempre doy a mis víctimas alguna posibilidad de escapar?»

«No», respondí sinceramente, «no sabía esto».

«Oh», replicó Drácula, «realmente no podría pensar en privarme de este gran placer».

Por alguna razón, no acabó de gustarme el tono de voz con el que dijo esto: tenía un cierto sabor a arrogancia.

«Usted verá», continuó Drácula, «yo le planteo a mi víctima un enigma. Si en un cuarto de hora adivina correctamente la respuesta, lo dejo en libertad. Si no logra adivinarla, o si la adivina mal, le ataco y se convierte en un vampiro para siempre.

«¿En un vampiro cuerdo o en uno loco?», pregunté yo inocentemente.

Drácula se volvió lívido de rabia. «Sus chistes no tienen ninguna gracia», gritó. « ¿Se da usted cuenta completamente de la gravedad de la situación? No suelo estar de humor para bromas frívolas. Alguna cosa más de este tipo y no le daré ni siquiera la oportunidad usual.»

Asustado a medida que iba diciendo todo esto, mi reacción inmediata fue ante todo de curiosidad respecto al hecho de por qué Drácula estaría dispuesto a arriesgarse a perder una víctima. « ¿Qué es lo que le mueve a esta generosidad deportiva?», le pregunté.

«¿Generosidad?», dijo Drácula con un aire desdeñoso. «No tengo ni un solo átomo de generosidad en mi cuerpo. Se trata solamente de que el enorme placer sádico que obtengo al observar a mi víctima retorcerse, escribir, convulsionarse bajo esta angustiosa gimnasia mental, compense con creces la posibilidad infinitesimal de que la pierda.

Esta palabra «infinitesimal» no era demasiado consoladora, que digamos.

«Oh sí», continuó Drácula, «jamás hasta ahora he perdido una víctima; como usted verá, no estoy corriendo demasiado riesgo».

«Muy bien», dije, dándome a mí mismo ánimos de la mejor manera que pude, « ¿en qué consiste el enigma?».

30. Dracula me miró examinándome durante algún tiempo. «Sus preguntas a mis huéspedes eran muy inteligentes -sí, sí, lo sé todo sobre ellas. Realmente eran muy inteligentes, pero no tan inteligentes como usted podría pensar. Usted tenía que haber diseñado una pregunta separada para cada fragmento de información que deseaba obtener; usted no dio nunca con un principio simple y unificador que le hubiera evitado a usted mucho trabajo mental. Existe una oración O que tiene la propiedad casi mágica de que, dada cualquier información que usted desee saber, dada cualquier oración X cuya verdad usted desee averiguar, todo lo que usted tiene que hacer es preguntar a cualquiera que esté en este castillo: "¿Es O equivalente a X?". Si usted obtiene como respuesta "Bal", X tiene que ser verdadera; si usted obtiene "Da" como respuesta, X tiene que ser falsa. Así, por ejemplo, si usted desease averiguar si el hablante es un vampiro, tendría que preguntar: "¿Es O verdadera si y sólo si usted es un vampiro?" Si usted desease averiguar si está cuerdo, no tendría que preguntar más que: "¿Es O verdadera si y sólo si usted está cuerdo?" Para haber averiguado lo que significa "Bal", usted sólo habrá tenido que preguntar: "¿Es O verdadera si y sólo si 'Bal' significa sí?" Para averiguar si yo vivía aún, usted podría haber preguntado: "¿Es O verdadera si y sólo si Drácula vive aún?", etc.»
« ¿Cuál es esa oración O?», pregunté yo con enorme curiosidad. «Ah», replicó Drácula, «es asunto suyo el averiguarlo. ¡Este es su enigma!».

Al decir esto Drácula se puso en pie para abandonar la habitación. «Tiene usted quince minutos. Haría bien en discurrir con ahínco. Los riesgos son muy elevados.»
¡Verdaderamente eran muy elevados! Aquellos fueron los quince minutos más penosos de mi vida. Estaba tan paralizado por el miedo que tenía la mente en blanco.  Estaba seguro de que Drácula me estaba observando secretamente desde algún lugar oculto. Cuando habían transcurrido los quince minutos Drácula volvió triunfantemente y comenzó a revolotear a mí alrededor con los colmillos hechos agua. Se me fue 
acercando más y más, hasta que le tuve prácticamente encima. Entonces de repente levanté la mano y grité:

«Naturalmente, la oración O es... » ¿Cuál es la oración O que me salvó?

Epílogo

El shock recibido por el pobre Drácula ante el hecho de que yo hubiese resuelto su enigma fue tan grande que pereció en el acto, y pocos minutos después se desintegró convertido en ceniza. Ahora cuando alguien me pregunta, « ¿Vive aún el Conde Drácula?», puedo responder veraz y adecuadamente: «Bal.»

31. Existen cuatro inconsistencias menores en esta historia. ¿Podrías detectarlas?



SOLUCIONES

1. Su enunciado es o verdadero o falso. Supongamos que es falso. Entonces no es ni humano ni está cuerdo; por lo tanto tiene que ser un vampiro loco. Pero los vampiros locos hacen solamente enunciados verdaderos, y tenemos una contradicción. Por lo tanto, su enunciado es verdadero. Los únicos que hacen enunciados verdaderos son los humanos cuerdos o los vampiros locos. Si él fuese un vampiro loco, entonces tendría que ser o humano o cuerdo, y su enunciado sería falso. Pero sabemos que el enunciado es verdadero. Por lo tanto tiene que ser un humano cuerdo.
2. Tiene que ser un vampiro loco.
3. No, esta vez es un vampiro cuerdo.
4. Un humano cuerdo respondería «No» a esta pregunta, y cualquiera de los otros tres tipos respondería «Sí». Si hubiese obtenido como respuesta «Sí», no sabría de qué tipo era. Pero he dicho que lo supe, por lo tanto no respondió «Sí». De este modo él respondió «No», de donde se sigue que tiene que ser un humano sano.
5. No puede inferirse si es humano o vampiro, pero se sigue que está loco. Un humano cuerdo no diría que es un vampiro y un vampiro cuerdo sabría que es un vampiro y entonces mentiría y diría que es humano. Por otra parte, un humano loco creería, y por lo tanto diría, que es un vampiro, y un vampiro loco creería que era humano y entonces diría que es un vampiro.
6. Esta vez todo lo que se sigue es que él es un vampiro. Un humano cuerdo no podría decir que está loco, y un humano loco creería que está cuerdo y, al ser humano, no podría decir que está loco.
7. Estoy seguro de que pueden encontrarse muchos pares de enunciados de este tipo; el par que tengo presente es éste:
X: Si estoy cuerdo, entonces soy humano. 
Y: Si soy humano, entonces estoy cuerdo.
Supongamos que el hablante asevera X. Demostraremos que Y tiene que ser verdadero, esto es, que si es humano, entonces está cuerdo. Bien, supongamos que es humano. Entonces es verdad que si está cuerdo entonces es humano (puesto que es humano, punto). Esto significa que X es verdadero. Entonces el hablante ha de estar cuerdo, puesto que los humanos locos no hacen enunciados verdaderos. Por lo tanto, si es humano, está cuerdo; de donde Y es verdadero. Inversamente, supongamos que el hablante asevera Y. Hemos de mostrar que X es verdadero. Bien, supongamos que está cuerdo. Entonces Y ha de ser verdadero. De aquí se sigue que el hablante es humano (puesto que los vampiros cuerdos no hacen enunciados verdaderos). De este modo, es humano (bajo la suposición de que está cuerdo). Por lo tanto si está cuerdo entonces es humano y así el enunciado X es verdadero.
8. La respuesta a ambas preguntas es «Sí». Supongamos que un transilvano cree un cierto enunciado X. Entonces, desde luego, no se sigue que X tenga que ser verdadero, puesto que puede estar loco. Pero si cree que cree X, entonces X tiene que ser verdadero. Pues supongamos por un lado que está cuerdo. Puesto que cree el enunciado de que cree que X, entonces el enunciado de que cree que X tiene que ser verdadero. Por lo tanto cree de hecho que X; y, puesto que está cuerdo, X tiene que ser verdadero. Supongamos por otro lado que él está loco. Puesto que él cree el enunciado de que él cree que X, entonces el enunciado de que él cree que X tiene que ser falso. Por lo tanto no cree realmente que X (solamente piense que lo cree). Puesto que no cree que X, y está loco, entonces de nuevo X tiene que ser verdadero. Así pues, hemos mostrado que si un transilvano cree que cree X, entonces X tiene que ser verdadero independientemente de si está cuerdo o loco. Similarmente puede mostrarse que si no cree que él cree que X, entonces X tiene que ser falso. Dejamos esto para el lector.
9. De nuevo ambas respuestas son «Sí» --esto es un corolario de la solución al problema precedente. Supongamos que A asevera que cree que X. Supongamos que A es humano. Entonces cree lo que asevera, de modo que cree que X. Entonces, como hemos visto en la solución al problema 174, X tiene que ser verdadero, esté A cuerdo o loco. Similarmente, supongamos que A es un vampiro. Entonces no cree lo que asevera, de modo que no cree que cree que X. Así, X tiene que ser falso, esté A cuerdo o loco.
10. A asevera que cree que B es humano. B asevera o que cree que A es humano, o asevera que cree que A no es humano. Si lo último fuera el caso, obtendríamos la contradicción siguiente. Tenemos:
(1) A dice que cree que B es humano. 
(2) B dice que cree que A no es humano.
Supongamos que A es humano.  Por lo tanto es una contradicción el que A es humano. Supongamos que A es un vampiro. Entonces a partir de (1), B no es humano (por el mismo principio), de modo que B es un vampiro. Entonces a partir de (2) se sigue (por el mismo principio) que A es humano. Esto es de nuevo una contradicción. Por lo tanto, si B hubiese respondido «No» tendríamos una contra- dicción. Por lo tanto B respondió «Sí».
11. No puede inferirse nada en absoluto, puesto que todos los transilvanos responderán «Sí» a esta pregunta. El lector puede comprobar esto por sí mismo.
12. Este es un caso diferente; a partir de la respuesta no puede inferirse si el hablante es humano o vampiro, pero puede inferirse si está cuerdo. Si está cuerdo, entonces responderá «Sí»; si está loco entonces responderá «No». Dejamos la demostración al lector.
13. No, no puede determinarse. Podría suceder que él fuese un humano cuerdo y que Drácula viviese, o podría suceder que fuese un vampiro loco y Drácula estuviese muerto. (De hecho, si es un vampiro loco, entonces Drácula podría estar vivo o muerto.)
14. De nuevo la respuesta es «No».
15. La respuesta es todavía «No». Él podría ser, por ejemplo, un vampiro loco, en cuyo caso Drácula podría estar o no vivo.
16. Sí, esta vez se seguiría que Drácula está vivo. Usemos la terminología del problema 177 y reformulemos el enunciado del nativo de la siguiente manera: «Si soy formal entonces Drácula vive.» Hemos demostrado en el capítulo 8 (véanse las soluciones a los problemas 109-112) que si un nativo de una isla de caballeros y escuderos dice: «Si yo soy un caballero entonces tal y tal», entonces el hablante tiene que ser un caballero y el tal y tal tiene que ser verdadero. Similarmente, si un habitante de Transilvania dice, «Si yo soy formal entonces tal y tal», entonces tiene que ser formal y el tal y tal tiene que ser verdadero. La demostración es realmente la misma -solamente hay que sustituir la expresión «un caballero» por «formal».
17. Un enunciado que funcionaria es: «Yo soy informal y Drácula está muerto.» Dejamos la demostración al lector. (Consejo: poner primero de manifiesto que el hablante no es formal.)
18. Una oración que hace esto es la siguiente: «Yo soy formal si y sólo si Drácula vive aún.» En la solución al problema 122 del capítulo 8 demostramos que si un habitante de una isla de caballeros y escuderos dice: «Yo soy un caballero si y sólo si tal-y-tal», entonces el tal-y-tal tiene que ser verdadero (pero no es posible decir si el hablante es caballero o escudero). Similarmente, si un transilvano dice: «Yo soy formal si y sólo si tal-y-tal», entonces el tal-y-tal tiene que ser verdadero independientemente de si el hablante es formal o no. La demostración es realmente la misma -solamente hay que sustituir «caballero» por «formal». Existen varios enunciados distintos que también funcionarían. Por ejemplo: «Creo que el enunciado de que Drácula vive es equivalente al enunciado de que yo soy humano.» Otro ejemplo, más bien divertido sería: «Creo que si alguien me preguntase si Drácula vive aún, entonces respondería "Si".»
19. Sí, se seguiría que Drácula tiene que estar muerto. A partir de (1) podemos inferir que el hablante es humano, puesto que un vampiro cuerdo sabría que está cuerdo y por 10 tanto dice que está loco, y un vampiro loco creería que está cuerdo y entonces diría que está loco. Por lo tanto el hablante es humano. Recordemos el principio establecido en el problema 175: cuando un humano dice que él cree algo, entonces ese algo tiene que ser verdadero (independientemente de si está cuerdo o está loco). Bien, nosotros sabemos que el hablante es humano y que dice que cree que Drácula está muerto. Por 10 tanto el Conde Drácula tiene que estar muerto.
20. A partir de su primer enunciado «Yo soy humano», se sigue, no que él sea humano, sino que tiene que estar cuerdo. (Un humano loco no sabría que él era humano, y un vampiro loco pensaría que es humano y, por lo tanto, diría que es un vampiro.) Ahora que sabemos que está cuerdo, vamos a demostrar que es humano. Supongamos que él fuese un vampiro. Entonces es falso que es un humano, y puesto que un enunciado falso implica cualquier enunciado, entonces su segundo enunciado -«Si soy humano entonces Drácula vive aún»- tendrá que ser verdadero. Pero un vampiro cuerdo no puede hacer enunciados verdaderos, de modo que tenemos una contradicción. Por lo tanto no puede ser un vampiro; tiene que ser un humano. Ahora sabemos que él es, a la vez, humano y cuerdo, de modo que hace enunciados verdaderos. Por lo tanto, su segundo enunciado, a saber: que si él es humano entonces el Conde Drácula vive aún, tiene que ser verdadero. Pero él es humano. Por lo tanto Drácula vive aún.
21. Pregúntale solamente si está cuerdo. Un humano (esté cuerdo o no) responderá «Sí» y un vampiro responderá «No».
22. Pregúntale solamente si es humano. Un transilvano sano (sea humano o vampiro) dirá «Sí» y un transilvano loco dirá «No». Para el puñado de problemas siguientes diré sólo cuáles son las preguntas. En este momento debes tener la suficiente experiencia para ser capaz de demostrar por ti mismo que esas preguntas valen para tus propósitos.
23. Una pregunta que vale es: « ¿Cree usted que es humano»? Todos los transilvanos tienen que responder «SÍ)) a esta pregunta. No se trata de que todos ellos crean que son humanos (sólo los humanos cuerdos y los vampiros locos creen esto), sino que todos los nativos dirán que lo creen. Otra pregunta que valdría es: « ¿Es usted formal?» Todos los transilvanos afirmarían que son formales.
24. Cualquiera de estas dos preguntas valdría:
(1) « ¿El enunciado de que usted es formal es equivalente al enunciado de que Drácula está vivo?»
(2) « ¿Cree usted que el enunciado de que usted es humano es equivalente al enunciado de que Drácula está vivo?»
25. Pregúntale: « ¿La respuesta correcta a la pregunta de si usted está cuerdo es "Bal"?» Si contesta «Bal» entonces es humano; si responde «Da», entonces es vampiro.
26. Pregúntale: « ¿La respuesta correcta a la pregunta sobre si usted es humano es "Bal"?» Si él responde «Bal», entonces' está cuerdo; si responde «Da», entonces está loco.
27. Pregúntale: « ¿Cree usted que es humano?» Sea cual sea la palabra que él responda tiene que significar sí. Alternativamente, pregúntale: « ¿Es usted formal?»
28. Una pregunta que funcionaría es: « ¿Es "Bal" la respuesta correcta a la pregunta de si usted es formal?» (Recuerdo que ser formal significa ser o un humano sano o un vampiro loco.) Otra pregunta que funciona: « ¿Es usted formal si y sólo si "Bal" significa si?» Cualquiera de estas preguntas forzará a responder con un «Bal», como puede demostrarse esencialmente de la misma manera que en el problema 161 del capítulo 11 (excepto en que ser formal juega ahora el papel jugado por ser humano).
29. Cualquiera de las siguientes preguntas realizará la tarea.
(1) ¿Cree usted que «Bal» es la respuesta correcta a la pregunta de si el enunciado de que usted es humano es equivalente al enunciado de que Drácula está vivo?
(2) ¿, Es «Bal» la respuesta correcta a la pregunta de si el enunciado de que usted es formal es equivalente al enunciado de que Drácula está vivo?
Una solución mucho más simple y más elegante es la proporcionada por el principio unificador que se explica en el número 30.
30. EL PRINCIPIO UNIFICADOR
Definamos un transilvano de élite de tal modo que sea del tipo 1 si responde «Bal» a la pregunta: « ¿Es 2 más 2 igual a 4?» Esto significa, naturalmente, que dada cualquier otra pregunta cuya respuesta correcta sea «Sí», un transilvano del tipo 1 responderá «Bal» a esta pregunta. Definiremos un transilvano de élite de tal modo que sea del tipo 2 si no es del tipo 1. Esto significa que dado cualquier enunciado verdadero X (como 2 más 2 igual a cuatro), si se le pregunta a un transilvano del tipo 2 si X es verdadero, éste responderá «Da». Observemos inmediatamente que si «Bal» significa sí, entonces las personas del tipo 1 son aquellas que son formales, y las personas del tipo 2 son aquellas que son informales. Si «Bal» significa no, entonces tenemos lo contrario (tipo 1 = informal y tipo 2 = formal). Ahora bien, el principio unificador es éste: para averiguar respecto de un enunciado X dado si X es verdadero, sólo tienes que preguntar a un transilvano de élite si X es equivalente al enunciado de que él (el transilvano al que le preguntas) es del tipo 1. Puedes parafrasear tu pregunta de la siguiente manera: « ¿Es X verdadero si y sólo si usted es del tipo l?» Demostraremos que si él responde «Bal», entonces X tiene que ser verdadero, y que si él responde «Da», entonces X tiene que ser falso. Así la oración «mágica» O es: «Usted es del tipo 1» (O «Usted responde "Bal" a la pregunta de si 2+2=4»).
Demostración: O es la oración: «Usted es del tipo 1»; X es la oración cuya verdad tú deseas averiguar. La pregunta que tú planteas es si O es equivalente a X. Supongamos que tú obtienes la respuesta «Bal». Hemos de demostrar que entonces X tiene que ser verdadera.
Caso uno: «Bal» significa sí. En este caso sabemos dos cosas: (i) tipo 1 = formal; (ii) el hablante, al decir «Bal», está aseverando que O es equivalente a X.
Sub-caso la: El hablante es del tipo l. Entonces el hablante es formal y hace enunciados verdaderos. Entonces O es realmente equivalente a X y O es también ver- 
dadera (puesto que el hablante es del tipo 1). Por lo tanto X es verdadera.
Sub-caso lb: El hablante es del tipo 2. Entonces es informal y hace enunciados falsos. Puesto que asevera que O es equivalente a X, entonces O no es equivalente a X. Pero O es falsa (puesto que el hablante no es del tipo 1), y X no es equivalente a O, de modo que X es verdadera.
Caso dos: «Bal» significa no. En este caso sabemos dos cosas: (i) tipo 1 = informal; (ii) el hablante está aseverando que O no es equivalente a X.
Sub-caso 2a: El hablante es del tipo l. Entonces es informal y hace enunciados falsos. Asevera falsamente que O no es equivalente a X; por lo tanto O es realmente equivalente a X puesto que O es verdadera. Por consiguiente X es verdadera.
Sub-caso 2b: El hablante es del tipo 2. Entonces es formal y hace enunciados verdaderos. Por lo tanto O no es equivalente a X (puesto que el hablante asevera que no lo es), sino que O es falsa; por consiguiente X tiene que ser de nuevo verdadera.
Hemos mostrado que una respuesta «Bab significa que X es verdadera. Podríamos llevar a cabo una ronda similar de razonamiento para demostrar que una res- puesta «Da» significa que X es falsa. Sin embargo, podemos tomar el atajo siguiente:
Supóngase que el transilvano en cuestión responde «Da». Ahora bien, responder «Da» a esta pregunta es realmente lo mismo que responder «Bal» a la pregunta: « ¿Es usted del tipo 1 si y sólo si X es falsa?» (Puesto que para cualesquiera dos enunciados Y y Z, el enunciado de qué Y es equivalente a Z es precisamente lo contrario del enunciado de qué Y es equivalente a no Z). Así él habría respondido «Bal» si le hubieses preguntado: « ¿Es usted del tipo 1 si y sólo si X es falsa?» Puesto que él habría respondido «Bal» a esto, entonces se sigue (por la demostración anterior) que X es realmente falsa.
31.RESPUESTA A LAS PREGUNTAS SOBRE INCONSISTENCIAS
(l) y (2) En dos ocasiones Drácula dijo: «Oh, sí.» Un transilvano de élite no usa nunca la palabra «Sí».
(3) Cuando el transilvano fortachón y de aspecto brutal me dijo que no podía abandonar el castillo sin permiso del anfitrión, ¿por qué tenía que haberlo creído?
(4) Cuando el anfitrión me envió el mensaje «Naturalmente, no», ¿por qué tenía que haberlo creído? No sabía aún que el anfitrión era un vampiro loco y que hacía enunciados correctos.

miércoles, 29 de enero de 2014

Carta a mis lectores

Queridos lectores de mis cinco blogs y de mis dos páginas web, ¡ya habéis superado con creces los 24.000! Este blog en concreto tiene más de 670 entradas. En Facebook hay bastante más de un millar, en Twitter, más de 730, también hay muchas entradas en Google+ y Linkedin. Nunca pensé que podía encontrar tantas personas interesadas en lo que escribo o publico. Gracias a todos por vuestra constancia y vuestro interés. Espero que sigáis leyendo mis opiniones y mis artículos muy variados, porque estoy preparando grandes novedades, escogidas entre los temas que más os interesan en base al número de lectores.

Este número tan elevado de personas interesadas en mis artículos, así como en mis libros, me anima a escribir con ahínco, haciendo hincapié tanto en la saga de novelas históricas relativas a fray Gian Galeazzo Ruspoli y los demás libros de historia o de antropología,  como en aquellas entradas que más os gustan y que por ello son las más populares. Ya redacté, por encargo de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, un artículo que se publicará en el libro conmemorativo del 25 aniversario de la creación, que se celebrará en este año 2014. El argumento se centra en la extraordinaria figura del primer príncipe de Poggio Suasa, don Emanuele Ruspoli, mi bisabuelo, que se alineó con los Saboya, enfrentándose a la familia históricamente vinculada a la nobleza negra. A través de su biografía describiré la historia de la creación del Reino de Italia. 

Gracias nuevamente por vuestro cariño, vuestros comentarios y vuestro apoyo moral que siempre he recibido desde el principio de esta nueva aventura literaria. Por medio de vosotros lograré seguramente culminar mi esfuerzo como escritor. Os confirmo que terminé de escribir El Profeso y los Borgia, la décima de la saga El Profeso. Esta vez mi protagonista Fray Gian Galeazzo Ruspoli y su hermosa hija Ginebra actuarán por primera vez en la interesante época del Renacimiento, entre Roma, Nápoles, Florencia y Ferrara, el Mediterráneo y Valencia. En paralelo relato la historia de los Borgia desde el cardenal Rodrigo de Borja, futuro papa Alejandro VI, hasta sus hijos Cesar, Juan, Lucrecia y Godofredo. Y dado que el ilustre linaje Borja entronca con el de mi mujer, he añadido también algunas anécdotas y unos secretos que nos han llegado por tradición oral. 

Además, acabo de terminar otra novela histórica, la undécima de la saga, esta vez ambientada en el siglo XIX, donde mi protagonista inicia un viaje esotérico a la búsqueda del perfeccionamiento del conocimiento de su energía interior para curar a los enfermos, titulada el Profeso y el chamán. Curiosamente, el argumento surgió durante la investigación que realicé acerca de los Borgia, al encontrarme con un Código antiguo que lleva el nombre de la familia. Encontraréis una sinopsis de esta historia fascinante que desmitificará la práctica del chamanismo en este blog y en el blog de la saga.

Codex Borgia


A continuación, ya estoy escribiendo la siguiente novela se  centra en la guerra del opio entre Inglaterra y China, en el siglo XIX... Fray Gian Galeazzo creará esta vez, con la ayuda de su mujer Ileana, su hija Ginebra y su mayordomo Gordon, una dinastía escocesa - clan Douglas - con el monopolio del comercio en aquel gran país. Se titula El Profeso y el opio, y la estoy escribiendo con tanto ritmo que pienso terminarla pronto. Una de las primeras citas de la novela es de Confucio: «Cuando vean a un hombre sabio, piensen en igualar sus virtudes. Cuando vean un hombre desprovisto de virtud, examínense ustedes mismos.»



Con todo afecto,






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sábado, 11 de enero de 2014

Alfabeto del crimen

Las mujeres eligen las formas más refinadas de matar, pero en la saga de Fray Gian Galeazzo hay un equilibrio. Por ejemplo en las dos novelas del Profeso y el diablo o en Asesinato en el Letrán. 

Este es el alfabeto del crimen.
A: adulterio
B: bestias
C: cadáver, Celsius 
D: deuda
E: evidencia
F: fray Gian Galeazzo, fugitivo
G: guardaespaldas
H: homicidio
I: inocente
J: juicio
K: Kelvin
L: ley, dentro o fuera de ella
M: maldad
N: nudo
O: odio, opio
P: peligro
Q: quién
R: rebelde
S: silencio
T: trampa
U: ultimátum
V: venganza
W: vatio
X: una persona supuesta a la que no se asigna nombre determinado, o de nombre desconocido.
Y: yuyu
Z: guerra mundial 

viernes, 3 de enero de 2014

Póster de la saga El Profeso




El Profeso y el opio

SINOPSIS

Los griegos le llamaron opion, diminutivo de opós (jugo vegetal), al jugo de las adormideras, cuyo poder hipnótico y euforizante ya conocían hace seis mil años los sumerios, que llamaban a la adormidera 'planta de la alegría'. Este nombre aparece documentado en latín por Plinio como opium, con el mismo significado, en el siglo I de nuestra era.
Homero describe en la Odisea los efectos de esta planta muy conocida en la Grecia clásica, aunque su uso, curiosamente, no se haya extendido al resto de Europa a partir de los griegos, sino de los árabes. Éstos recogían el opio en Egipto, donde era usado ampliamente en medicina, y lo llevaban para venderlo tanto en Oriente como en Occidente: fueron así los primeros narcotraficantes en un tiempo en que esa profe-sión estaba menos desprestigiada, aunque en compensación, rendía ganancias mucho menores que hoy.
El opio tiene un sinónimo que es poco conocido en español, a pesar de que figura en el Diccionario de la Real Academia: el anfión, documentado por primera vez en 1609 en el Diccionario de germanía, de Juan Hidalgo y que llegó a nuestra lengua a través del portugués anfião, que también proviene del griego opion. Hasta el siglo XIX, la venta de esta droga era libre, pues estaba rodeada por un aura de sustancia benéfica que aliviaba dolores y sufrimientos.
Los adversarios del filósofo comunista alemán Karl Marx (1818-1883) recuerdan con frecuencia que era un enemigo de la religión con base en una supuesta frase suya en la que afirmaba que la religión era el opio del pueblo. En realidad, el fundador del comunismo quiso decir que la religión servía como alivio al sufrimiento de los pobres, como vemos en la cita completa: «La religión es el suspiro del oprimido, el corazón de un mundo insensible, el alma de situaciones desalmadas. Es el opio del pueblo». (Karl Marx, Collected papers, 1844).
Esta novela histórica se centra alrededor del comercio del opio, una mezcla compleja de sustancias que se extrae de las cápsulas verdes de la adormidera (Papaver somniferum), que contiene la droga narcótica y analgésica llamada morfina y otros alcaloides. La adormidera (parecida a una amapola común) es una planta que puede llegar a crecer un metro y medio. Destacan sus flores blancas, violetas o fucsias. Es una planta anual que puede comenzar su ciclo en otoño, aunque lo habitual en el hemisferio norte es a partir de enero. Florece entre abril y junio dependiendo de la latitud, la altura y la variedad de la planta, momento en el que se puede proceder a la recolecta del opio.
En esta duodécima entrega de la saga, Fray Gian Galeazzo Ruspoli asume el papel de William Douglas, marinero del clan homónimo que originó en el siglo IX la dinastía Marescotti-Ruspoli en Italia, y regresa a Extremo Oriente. William Douglas echa sus raíces en la China del siglo XIX, creando un imperio comercial en una epopeya que tiene su telón de fondo la hegemonía de los piratas en los mares de China, las guerras del opio, las rebeliones, la corrupción de la corte  y las astutas maqui-naciones de la emperatriz viuda. Gian Galeazzo tendrá un papel doble, tanto de fundador del comercio, como años después de hijo, y en esta etapa contará con la valiosa colaboración de su mujer Ileana, en el papel de Herzeloyde Douglas y de su hija Ginebra, en el de Acheflow Douglas  así como su mayordomo Flash Gordon en el de Theobald Douglas.
Una dinastía inglesa echa sus raíces en la China del siglo XIX, y funda un gigantesco imperio comercial en una epopeya que tiene como telón de fondo la guerra del opio, la rebelión de los Taiping y las astutas maquinaciones de la emperatriz viuda.
El marinero escocés William, miembro del Clan Douglas  (este es el disfraz elegido por Fray Gian Galeazzo) llega a China en un buque inglés que hacía la ruta de las Indias Orientales, acompañando a una delegación comercial que le ha contratado sólo porque sabe hablar manchú. Lo que ofrecen estos traficantes es la venta de opio de la India. La misión fracasa cuando los manchúes rechazan la oferta, y Douglas es secuestrado por los piratas del temible Ching Shih y su compañera, Nǚ lóng. Douglas se convierte en amante de Nǚ lóng, y tras muchas peripecias consigue que el emperador manchú le conceda el monopolio del comercio marítimo.
Años después, la firma escocesa Douglas es rica y poderosa, y Archibald, uno de los hijos del fundador, denuncia los estragos que causa el opio. Los traficantes ingleses son detenidos, y el gobierno de su majestad británica inicia las hostilidades contra los manchúes. Estalla la guerra del opio. Archibald y su hermano Theobald, súbditos leales del emperador manchú, combaten contra sus antiguos compatriotas. Los manchúes pierden la guerra y los británicos conquistan Hong Kong y los privilegios que ambicionaban. Igualmente, el emperador manchú premia la lealtad de Archibald otorgándole el título de mandarín .
El mandarín escocés y su familia serán protagonistas de todas las alternativas posteriores de la historia china: la feroz rebelión Taiping, encabezada por un fanático que dice ser hijo de Dios y hermano de Je-sús; la quema del palacio de verano de Pekín durante una nueva guerra contra ingleses y franceses; las intrigas en el palacio y el harén imperiales, que culminan con la entronización de la emperatriz viuda; las tortu-ras y decapitaciones de rebeldes y conspiradores; la intervención de ejércitos mercenarios; el auge de los señores de la guerra y las bandas tribales.
Una novela pródiga en acción y aventuras, que recrea la opulencia y la sórdida miseria de las ocho tribus manchúes. Los episodios más deslumbrantes, violentos y decisivos de la historia china del siglo XIX, entretejidos con la saga de una dinastía escocesa que construyó su im-perio comercial bajo la dominación manchú. La hegemonía de los piratas en los mares de China. La corrupción de la corte. El poder de las concubinas y favoritas del harén imperial. La despiadada política del colonialismo inglés. La guerra del opio. La rebelión de los Taiping y su fanático caudillo. La destrucción del palacio de verano de Pekín. Las torturas y decapitaciones de prisioneros y vencidos. La contratación de ejércitos mercenarios. Y, como corolario, la designación del primer mandarín escocés.
Fumadero de opio en China

Guerra del opio

Guerra del opio

Las guerras del opio, también conocidas como las Guerras Anglo-Chinas, fueron dos guerras que duraron de 1839 a 1842 y de 1856 a 1860 respectivamente, el punto culminante de los conflictos comerciales entre China y el Reino Unido. Los intereses comerciales creados por el contrabando británico de opio de la India Británica hacia la China, y los esfuerzos del gobierno chino para imponer sus leyes contra el comercio de opio llevaron al conflicto. Francia luchó al lado de Gran Bretaña en la segunda guerra.
La derrota de China en las dos guerras forzó al gobierno a tolerar el comercio de opio. El Reino Unido coaccionó al gobierno a firmar Tratados Desiguales, abriendo varios puertos al comercio exterior y anexándose Hong Kong (ver Tratado de Nankín y cesión de Hong Kong a Gran Bretaña). Portugal siguió a Gran Bretaña, forzando términos de intercambio desiguales a China y la ampliación de Macao, bajo control portugués desde el s. XVI. Esta humillación por obra de potencias exte-riores contribuyó a la Rebelión Taiping (1850–1864), la Rebelión Boxer (1899–1901), y la caída de la Dinastía Qing en 1912, y terminó con el relativo aislamiento de China respecto a Occidente.
El comercio marítimo directo entre Europa y China comenzó en el siglo XVI, después de que los portugueses establecieran la colonia de Goa en la India, y poco después la de Macao en el sur de China. Después de la adquisición española de las Filipinas, el ritmo del intercambio entre China y Occidente se aceleró drásticamente. Los galeones de Manila trajeron más plata a China que la Ruta de la seda. El gobierno Qing intentó limitar el contacto con el mundo exterior a un mínimo. Los Qing sólo permitieron el comercio por el puerto de Cantón. Se establecieron monopolios y trámites rigurosos para restringir el flujo del comercio, teniendo como resultado altos precios de venta para los artículos importados y demanda limitada. España empezó a vender opio a los chinos, junto con productos del Nuevo Mundo tales como el tabaco y el maíz, para prevenir un déficit comercial. Con la implantación de las Compañías Británicas y holandesa de Indias Orientales, el comercio con China se multiplicó.
A causa de la alta demanda de té, seda y porcelana en Gran Bretaña y la baja demanda de mercancías británicas en China, Gran Bretaña tenía un gran déficit comercial con China y debía pagar estos ar-tículos con plata. Gran Bretaña comenzó a exportar ilegalmente opio a China desde la India Británica en el siglo XVIII para contrarrestar su déficit. El comercio del opio creció rápidamente, y el flujo de plata co-menzó a reducirse. El Emperador Daoguang prohibió la venta y el consumo de opio en 1829 a causa del gran número de adictos.
La disputa se desató debido al comercio del opio, el cual se veía desde ambos lados de maneras muy distintas. El emperador censuró el opio en China debido al efecto negativo de éste en la población. Los bri-tánicos en cambio, veían al opio como el mercado ideal que los ayudaría a compensar el gran comercio con China. Estas guerras y los subsiguientes tratados firmados entre las potencias dieron como resultado que varios puertos de China se abrieran al comercio con Occidente, lo que condujo en parte a la caída de la economía china. Estas guerras se consideran la primera guerra de drogas.
La dinastía imperial china era cada vez más asediada por potencias extranjeras que demandaban un mayor comercio bilateral con la China, tras una gran caída a principios del siglo XIX. Los europeos compraban porcelana, seda, condimentos y té chinos, pero eran incapaces de vender algún bien de interés para la China. En lugar de eso, se veían obligados a pagar con plata, lo cual significaba un gran esfuerzo para las ya apretadas finanzas europeas provocadas por las guerras napoleónicas.
El opio era producido en China desde el siglo XV. Se mezclaba con tabaco en un proceso inventado por los españoles, que luego fue dominado por los holandeses en el siglo XVII y generalizado de forma masiva por los británicos en el XVIII. Al observar los problemas de salud y sociales vinculados con el consumo de opio, el gobierno imperial chino lo prohibió en 1829.
Los británicos comenzaron la producción de opio a mediados del siglo XVIII en la India en cantidades significativas. Aprendieron el arte de los mogoles, quienes comerciaban con opio al menos desde el reino de Akbar (1556–1605), e iniciaron el comercio de opio por plata en el sur de China. Los británicos observaron las grandes ganancias que potencialmente traería el mercado del opio (previamente dominado por Yakarta controlada por Holanda) al invadir Bengala en 1764. Las ganancias se acercaban al 400 por ciento y la amapola crecía casi en todas partes.
Las exportaciones de opio de los británicos crecieron vertiginosa-mente, de aproximadamente 15 toneladas en 1730 a 75 toneladas en 1773, embarcadas en más de dos mil cajas con 70 Kg de opio cada una. Los productos triangulaban de la siguiente manera: Se transportaba el opio cultivado en Turquía, Irán y la India a China. Se pagaban con opio las porcelanas, sedas y té. Estas se llevaban a la Costa Este de los Estados Unidos y al Reino Unido, en donde se cobraban, y con el producido se iba a Turquía y la India para comprar más opio. En la primavera de 1830, ante el alarmante y desenfrenado abuso del comercio del opio en China, el Emperador Daoguang ordenó a Lin Hse Tsu que combatiera rápidamente esta plaga, y éste respondió atajando la corrupción del funcionariado imperial y ordenando la destrucción de más de 20.000 cajas de opio.
Lin Hse Tsu envió una carta a la Reina Victoria pidiéndole que respetara las reglas del comercio internacional y no comerciara con sustancias tóxicas. “Pero existe una categoría de extranjeros malhechores que fabrican opio y lo traen a nuestro país para venderlo, incitando a los necios a destruirse a sí mismos, simplemente con el fin de sacar provecho. (...) ahora el vicio se ha extendido por todas partes y el veneno va penetrando cada vez más profundamente (...) Por este motivo, hemos decidido castigar con penas muy severas a los mercaderes y a los fumadores de opio, con el fin de poner término definitivamente a la propagación de este vicio. (...) Todo opio que se descubre en China se echa en aceite hirviendo y se destruye. En lo sucesivo, todo barco extranjero que llegue con opio a bordo será incendiado (...) Lin Hse Tsu. Carta a la reina Victoria. 1839.


Como dato curioso, en el año 1865 se creó la banca HSBC (The Hongkong and Shanghai Banking Corporation) con el fin de administrar las enormes ganancias generadas por el tráfico de opio. Este banco sigue operando a nivel mundial.