sábado, 11 de enero de 2014

Alfabeto del crimen

Las mujeres eligen las formas más refinadas de matar, pero en la saga de Fray Gian Galeazzo hay un equilibrio. Por ejemplo en las dos novelas del Profeso y el diablo o en Asesinato en el Letrán. 

Este es el alfabeto del crimen.
A: adulterio
B: bestias
C: cadáver, Celsius 
D: deuda
E: evidencia
F: fray Gian Galeazzo, fugitivo
G: guardaespaldas
H: homicidio
I: inocente
J: juicio
K: Kelvin
L: ley, dentro o fuera de ella
M: maldad
N: nudo
O: odio, opio
P: peligro
Q: quién
R: rebelde
S: silencio
T: trampa
U: ultimátum
V: venganza
W: vatio
X: una persona supuesta a la que no se asigna nombre determinado, o de nombre desconocido.
Y: yuyu
Z: guerra mundial 

viernes, 3 de enero de 2014

Póster de la saga El Profeso




El Profeso y el opio

SINOPSIS

Los griegos le llamaron opion, diminutivo de opós (jugo vegetal), al jugo de las adormideras, cuyo poder hipnótico y euforizante ya conocían hace seis mil años los sumerios, que llamaban a la adormidera 'planta de la alegría'. Este nombre aparece documentado en latín por Plinio como opium, con el mismo significado, en el siglo I de nuestra era.
Homero describe en la Odisea los efectos de esta planta muy conocida en la Grecia clásica, aunque su uso, curiosamente, no se haya extendido al resto de Europa a partir de los griegos, sino de los árabes. Éstos recogían el opio en Egipto, donde era usado ampliamente en medicina, y lo llevaban para venderlo tanto en Oriente como en Occidente: fueron así los primeros narcotraficantes en un tiempo en que esa profe-sión estaba menos desprestigiada, aunque en compensación, rendía ganancias mucho menores que hoy.
El opio tiene un sinónimo que es poco conocido en español, a pesar de que figura en el Diccionario de la Real Academia: el anfión, documentado por primera vez en 1609 en el Diccionario de germanía, de Juan Hidalgo y que llegó a nuestra lengua a través del portugués anfião, que también proviene del griego opion. Hasta el siglo XIX, la venta de esta droga era libre, pues estaba rodeada por un aura de sustancia benéfica que aliviaba dolores y sufrimientos.
Los adversarios del filósofo comunista alemán Karl Marx (1818-1883) recuerdan con frecuencia que era un enemigo de la religión con base en una supuesta frase suya en la que afirmaba que la religión era el opio del pueblo. En realidad, el fundador del comunismo quiso decir que la religión servía como alivio al sufrimiento de los pobres, como vemos en la cita completa: «La religión es el suspiro del oprimido, el corazón de un mundo insensible, el alma de situaciones desalmadas. Es el opio del pueblo». (Karl Marx, Collected papers, 1844).
Esta novela histórica se centra alrededor del comercio del opio, una mezcla compleja de sustancias que se extrae de las cápsulas verdes de la adormidera (Papaver somniferum), que contiene la droga narcótica y analgésica llamada morfina y otros alcaloides. La adormidera (parecida a una amapola común) es una planta que puede llegar a crecer un metro y medio. Destacan sus flores blancas, violetas o fucsias. Es una planta anual que puede comenzar su ciclo en otoño, aunque lo habitual en el hemisferio norte es a partir de enero. Florece entre abril y junio dependiendo de la latitud, la altura y la variedad de la planta, momento en el que se puede proceder a la recolecta del opio.
En esta duodécima entrega de la saga, Fray Gian Galeazzo Ruspoli asume el papel de William Douglas, marinero del clan homónimo que originó en el siglo IX la dinastía Marescotti-Ruspoli en Italia, y regresa a Extremo Oriente. William Douglas echa sus raíces en la China del siglo XIX, creando un imperio comercial en una epopeya que tiene su telón de fondo la hegemonía de los piratas en los mares de China, las guerras del opio, las rebeliones, la corrupción de la corte  y las astutas maqui-naciones de la emperatriz viuda. Gian Galeazzo tendrá un papel doble, tanto de fundador del comercio, como años después de hijo, y en esta etapa contará con la valiosa colaboración de su mujer Ileana, en el papel de Herzeloyde Douglas y de su hija Ginebra, en el de Acheflow Douglas  así como su mayordomo Flash Gordon en el de Theobald Douglas.
Una dinastía inglesa echa sus raíces en la China del siglo XIX, y funda un gigantesco imperio comercial en una epopeya que tiene como telón de fondo la guerra del opio, la rebelión de los Taiping y las astutas maquinaciones de la emperatriz viuda.
El marinero escocés William, miembro del Clan Douglas  (este es el disfraz elegido por Fray Gian Galeazzo) llega a China en un buque inglés que hacía la ruta de las Indias Orientales, acompañando a una delegación comercial que le ha contratado sólo porque sabe hablar manchú. Lo que ofrecen estos traficantes es la venta de opio de la India. La misión fracasa cuando los manchúes rechazan la oferta, y Douglas es secuestrado por los piratas del temible Ching Shih y su compañera, Nǚ lóng. Douglas se convierte en amante de Nǚ lóng, y tras muchas peripecias consigue que el emperador manchú le conceda el monopolio del comercio marítimo.
Años después, la firma escocesa Douglas es rica y poderosa, y Archibald, uno de los hijos del fundador, denuncia los estragos que causa el opio. Los traficantes ingleses son detenidos, y el gobierno de su majestad británica inicia las hostilidades contra los manchúes. Estalla la guerra del opio. Archibald y su hermano Theobald, súbditos leales del emperador manchú, combaten contra sus antiguos compatriotas. Los manchúes pierden la guerra y los británicos conquistan Hong Kong y los privilegios que ambicionaban. Igualmente, el emperador manchú premia la lealtad de Archibald otorgándole el título de mandarín .
El mandarín escocés y su familia serán protagonistas de todas las alternativas posteriores de la historia china: la feroz rebelión Taiping, encabezada por un fanático que dice ser hijo de Dios y hermano de Je-sús; la quema del palacio de verano de Pekín durante una nueva guerra contra ingleses y franceses; las intrigas en el palacio y el harén imperiales, que culminan con la entronización de la emperatriz viuda; las tortu-ras y decapitaciones de rebeldes y conspiradores; la intervención de ejércitos mercenarios; el auge de los señores de la guerra y las bandas tribales.
Una novela pródiga en acción y aventuras, que recrea la opulencia y la sórdida miseria de las ocho tribus manchúes. Los episodios más deslumbrantes, violentos y decisivos de la historia china del siglo XIX, entretejidos con la saga de una dinastía escocesa que construyó su im-perio comercial bajo la dominación manchú. La hegemonía de los piratas en los mares de China. La corrupción de la corte. El poder de las concubinas y favoritas del harén imperial. La despiadada política del colonialismo inglés. La guerra del opio. La rebelión de los Taiping y su fanático caudillo. La destrucción del palacio de verano de Pekín. Las torturas y decapitaciones de prisioneros y vencidos. La contratación de ejércitos mercenarios. Y, como corolario, la designación del primer mandarín escocés.
Fumadero de opio en China

Guerra del opio

Guerra del opio

Las guerras del opio, también conocidas como las Guerras Anglo-Chinas, fueron dos guerras que duraron de 1839 a 1842 y de 1856 a 1860 respectivamente, el punto culminante de los conflictos comerciales entre China y el Reino Unido. Los intereses comerciales creados por el contrabando británico de opio de la India Británica hacia la China, y los esfuerzos del gobierno chino para imponer sus leyes contra el comercio de opio llevaron al conflicto. Francia luchó al lado de Gran Bretaña en la segunda guerra.
La derrota de China en las dos guerras forzó al gobierno a tolerar el comercio de opio. El Reino Unido coaccionó al gobierno a firmar Tratados Desiguales, abriendo varios puertos al comercio exterior y anexándose Hong Kong (ver Tratado de Nankín y cesión de Hong Kong a Gran Bretaña). Portugal siguió a Gran Bretaña, forzando términos de intercambio desiguales a China y la ampliación de Macao, bajo control portugués desde el s. XVI. Esta humillación por obra de potencias exte-riores contribuyó a la Rebelión Taiping (1850–1864), la Rebelión Boxer (1899–1901), y la caída de la Dinastía Qing en 1912, y terminó con el relativo aislamiento de China respecto a Occidente.
El comercio marítimo directo entre Europa y China comenzó en el siglo XVI, después de que los portugueses establecieran la colonia de Goa en la India, y poco después la de Macao en el sur de China. Después de la adquisición española de las Filipinas, el ritmo del intercambio entre China y Occidente se aceleró drásticamente. Los galeones de Manila trajeron más plata a China que la Ruta de la seda. El gobierno Qing intentó limitar el contacto con el mundo exterior a un mínimo. Los Qing sólo permitieron el comercio por el puerto de Cantón. Se establecieron monopolios y trámites rigurosos para restringir el flujo del comercio, teniendo como resultado altos precios de venta para los artículos importados y demanda limitada. España empezó a vender opio a los chinos, junto con productos del Nuevo Mundo tales como el tabaco y el maíz, para prevenir un déficit comercial. Con la implantación de las Compañías Británicas y holandesa de Indias Orientales, el comercio con China se multiplicó.
A causa de la alta demanda de té, seda y porcelana en Gran Bretaña y la baja demanda de mercancías británicas en China, Gran Bretaña tenía un gran déficit comercial con China y debía pagar estos ar-tículos con plata. Gran Bretaña comenzó a exportar ilegalmente opio a China desde la India Británica en el siglo XVIII para contrarrestar su déficit. El comercio del opio creció rápidamente, y el flujo de plata co-menzó a reducirse. El Emperador Daoguang prohibió la venta y el consumo de opio en 1829 a causa del gran número de adictos.
La disputa se desató debido al comercio del opio, el cual se veía desde ambos lados de maneras muy distintas. El emperador censuró el opio en China debido al efecto negativo de éste en la población. Los bri-tánicos en cambio, veían al opio como el mercado ideal que los ayudaría a compensar el gran comercio con China. Estas guerras y los subsiguientes tratados firmados entre las potencias dieron como resultado que varios puertos de China se abrieran al comercio con Occidente, lo que condujo en parte a la caída de la economía china. Estas guerras se consideran la primera guerra de drogas.
La dinastía imperial china era cada vez más asediada por potencias extranjeras que demandaban un mayor comercio bilateral con la China, tras una gran caída a principios del siglo XIX. Los europeos compraban porcelana, seda, condimentos y té chinos, pero eran incapaces de vender algún bien de interés para la China. En lugar de eso, se veían obligados a pagar con plata, lo cual significaba un gran esfuerzo para las ya apretadas finanzas europeas provocadas por las guerras napoleónicas.
El opio era producido en China desde el siglo XV. Se mezclaba con tabaco en un proceso inventado por los españoles, que luego fue dominado por los holandeses en el siglo XVII y generalizado de forma masiva por los británicos en el XVIII. Al observar los problemas de salud y sociales vinculados con el consumo de opio, el gobierno imperial chino lo prohibió en 1829.
Los británicos comenzaron la producción de opio a mediados del siglo XVIII en la India en cantidades significativas. Aprendieron el arte de los mogoles, quienes comerciaban con opio al menos desde el reino de Akbar (1556–1605), e iniciaron el comercio de opio por plata en el sur de China. Los británicos observaron las grandes ganancias que potencialmente traería el mercado del opio (previamente dominado por Yakarta controlada por Holanda) al invadir Bengala en 1764. Las ganancias se acercaban al 400 por ciento y la amapola crecía casi en todas partes.
Las exportaciones de opio de los británicos crecieron vertiginosa-mente, de aproximadamente 15 toneladas en 1730 a 75 toneladas en 1773, embarcadas en más de dos mil cajas con 70 Kg de opio cada una. Los productos triangulaban de la siguiente manera: Se transportaba el opio cultivado en Turquía, Irán y la India a China. Se pagaban con opio las porcelanas, sedas y té. Estas se llevaban a la Costa Este de los Estados Unidos y al Reino Unido, en donde se cobraban, y con el producido se iba a Turquía y la India para comprar más opio. En la primavera de 1830, ante el alarmante y desenfrenado abuso del comercio del opio en China, el Emperador Daoguang ordenó a Lin Hse Tsu que combatiera rápidamente esta plaga, y éste respondió atajando la corrupción del funcionariado imperial y ordenando la destrucción de más de 20.000 cajas de opio.
Lin Hse Tsu envió una carta a la Reina Victoria pidiéndole que respetara las reglas del comercio internacional y no comerciara con sustancias tóxicas. “Pero existe una categoría de extranjeros malhechores que fabrican opio y lo traen a nuestro país para venderlo, incitando a los necios a destruirse a sí mismos, simplemente con el fin de sacar provecho. (...) ahora el vicio se ha extendido por todas partes y el veneno va penetrando cada vez más profundamente (...) Por este motivo, hemos decidido castigar con penas muy severas a los mercaderes y a los fumadores de opio, con el fin de poner término definitivamente a la propagación de este vicio. (...) Todo opio que se descubre en China se echa en aceite hirviendo y se destruye. En lo sucesivo, todo barco extranjero que llegue con opio a bordo será incendiado (...) Lin Hse Tsu. Carta a la reina Victoria. 1839.


Como dato curioso, en el año 1865 se creó la banca HSBC (The Hongkong and Shanghai Banking Corporation) con el fin de administrar las enormes ganancias generadas por el tráfico de opio. Este banco sigue operando a nivel mundial.

viernes, 27 de diciembre de 2013

El Profeso y el chamán, undécima novela de la saga.

Codex Borgia
Póster de la saga


Chamán siberiano

El Profeso y el chamán: 630 páginas en formato A4, 208.964 palabras. Sinopsis: Fray Gian Galeazzo y su hija Ginebra Ruspoli se encuentran en la fabulosa biblioteca de su mansión neoyorquina leyendo el libro de historia Retratos, anécdotas de los linajes Borja, Téllez-Girón, Marescotti y Ruspoli de su descendiente Carlo Emanuele. Este libro fue una fuente documental para su anterior misión en pleno Renacimiento, donde los Ruspoli, aliados de los Borja, les ayudaron a superar algunas de las múltiples dificultades e intrigas que intentaron ahogarlos, en aras de deshacer la leyenda negra que rodea dos generaciones Borja, la del papa Alejandro VI y de sus hijos Juan, Cesar, Lucrecia y Godofredo. Atraídos por la extraordinaria figura de Emanuele Ruspoli, se dan cuenta que su muerte prematura a los sesenta y un año es debida a la  enfermedad de la diabetes,  bastante desconocida a finales del siglo XIX. Solo veinte años después de su muerte se descubre la insulina que transforma el porvenir de los diabéticos, pero las presencia de la insulina en hierbas medicinales, como los frutos de la Mormodica charantia o de la Gymnena sylvestre que son ampliamente utilizados en Siberia para tratar la diabetes, anima a Fray Gian Galeazzo a viajar a Roma en el siglo XIX, tras la creación del reino de Italia, para ayudar a su descendiente a aliviar sus síntomas y tratar de arrestar el progreso de su en-fermedad. Una copia del Códice Borgia indica a Gian Galeazzo que la solución, para encontrar y reconocer los remedios naturales contra la diabetes, es consultar con un chamán. El Profeso inicia así un viaje ini-ciático, desde Roma hasta el corazón de Siberia, a fines del siglo XIX. El motivo aparente de su arriesgada travesía es conseguir ese  bálsamo milagroso que podría devolver la salud a su descendiente. Pero también lo impulsa el deseo de huir de una pesadilla recurrente a la que no halla explicación. Su búsqueda lo llevará al encuentro de Gabdulkhay Akhatov, uno de los últimos grandes chamanes siberianos. De su mano, Gian Galeazzo conocerá a los seres de un mundo invisible, que lo reconfortarán o le acecharán mientras se dirige hacia un destino ineludible y sorprendente. Fascinados por el exótico encanto de esos parajes vírgenes, acompañaremos al Profeso en su marcha por la senda del chamán, al encuentro de nuestra propia luz y nuestro poder interior latente. Fray Gian Galeazzo vivió también otra experiencia esotérica  en México que visitó en otra de sus misiones en calidad de antropólogo. Los encuentros iniciáticos con un nagual o brujo yaqui Hitebi Yaitowi  se relatarán en letra cursiva. El chamán (del idioma tungu, de Siberia, xaman o schaman, y éste del verbo scha, "saber"), es un individuo al que se le atribuye la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva de esta, de manera que no responden a una lógica causal. Esto se puede expresar finalmente, por ejemplo, en la facultad de curar, de comunicarse con los espíritus y de presentar habilidades visionarias y adivinatorias. Es el término usado para indicar a este tipo de persona, presente principalmente en las sociedades cazadoras y recolectoras de Asia, África, América y Oceanía y también en culturas prehistóricas de Europa. En algunas culturas se cree también que el chamán puede indicar en qué lugar se encuentra la caza e incluso alterar los factores climáticos. He aquí algunas de las primeras enseñanzas de un chamán:
El poder reside en el tipo de conocimiento que uno posee. ¿Qué sentido tiene conocer cosas inútiles? Eso no nos prepara para nuestro inevitable encuentro con lo desconocido.
Nada en este mundo es un regalo. Lo que ha de aprenderse debe aprenderse arduamente.
Un hombre va al conocimiento cómo va a la guerra: bien despierto, con miedo, con respeto y con absoluta confianza. Ir de cualquier otra forma al conocimiento o a la guerra es un error, y quien lo cometa puede correr el riesgo de no sobrevivir para lamentarlo. Cuando un hombre ha cumplido estos cuatro requisitos -estar bien despierto, y tener miedo, respeto y absoluta confianza- no hay errores por los que deba rendir cuentas; en tales condiciones, sus acciones pierden la torpeza de las acciones de un necio. Si un hombre así fracasa o sufre una derrota, no habrá perdido más que una batalla, y eso no le provocará lamentaciones lastimosas.
Ocuparse demasiado de uno mismo produce una terrible fatiga. Un hombre en esa posición está ciego y sordo a todo lo demás. La fatiga misma le impide ver las maravillas que lo rodean.
Cada vez que un hombre se propone aprender tiene que esforzarse como el que más, y los límites de su aprendizaje están determinados por su propia naturaleza. Por tanto, no tiene sentido hablar del conocimiento. El miedo al conocimiento es natural; todos lo experimentamos, y no podemos hacer nada al respecto. Pero por temible que sea el aprendizaje, es más terrible la idea de un hombre sin conocimiento.
Enfadarse con la gente significa que uno considera que los actos de los demás son importantes. Es imperativo dejar de sentir de esa manera. Los actos de los hombres no pueden ser lo suficientemente importantes como para contrarrestar nuestra única alternativa viable: nuestro encuentro inmutable con el infinito.
Cualquier cosa es un camino entre un millón de caminos. Por tanto, un guerrero siempre debe tener presente que un camino es sólo un camino; si siente que no debería seguirlo, no debe permanecer en él bajo ninguna circunstancia. Su decisión de mantenerse en ese camino o de abandonarlo debe estar libre de miedo o ambición. Debe observar cada camino de cerca y de manera deliberada. Y hay una pregunta que un guerrero tiene que hacerse, obligatoriamente: ¿Tiene corazón este camino? Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte. Sin embargo, un camino sin corazón nunca es agradable. En cambio, un camino con corazón resulta sencillo: a un guerrero no le cuesta tomarle gusto; el viaje se hace gozoso; mientras un hombre lo sigue, es uno con él.
Existe un mundo de felicidad donde no hay diferencia entre las cosas porque en él no hay nadie que pregunte por las diferencias. Pero ése no es el mundo de los hombres. Algunos hombres tienen la arrogancia de creer que viven en dos mundos, pero eso es pura arrogancia. Hay un único mundo para nosotros. Somos hombres, y debemos transitar con alegría el mundo de los hombres.
El hombre tiene cuatro enemigos naturales: el miedo, la claridad, el poder y la vejez. El miedo, la claridad y el poder pueden superarse, pero no la vejez. Su efecto puede ser pospuesto, pero nunca vencido.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO 2014!




Froehliche Weihnachten und ein gluckliches Neues Jahr
Alemán



Feliz ñavida y provechosu añu nuevu 

Bable



Shuvo Baro Din 

Bengalí



Nedeleg laouen na bloav ezh mat 
Breetón

Vesela Koleda I chestita Nova Godina
Bulgaro

Seng Dan Fai Lok, Sang Nian Fai Lok 
Cantonés

Bon nadal i feliç any nou! 
Catalán

Geseende Kerfees en 'n gelukkige nuwe jaar 
Afrikaner

I'D Mubarak ous Sana Saida 
Arabe

Shenoraavor Nor Dari yev Pari Gaghand 
Armenio

Felices navidaes y prósperu añu nuevu 
Asturiano

Prejeme Vam Vesele Vanoce a stastny Novy Rok 
Checo

Sung Tan Chuk Ha 
Coreano

Pace e salute 
Corso

Glaedelig Jul 
Danés

Colo sana wintom tiebeen 
Egipcio

Jutdlime pivdluarit ukiortame pivdluaritlo 
Esquimal

Vesele Vianoce. A stastlivy Novy Rok 
Eslovaco

Vesele bozicne praznike in srecno novo leto 
Esloveno

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 
Castellano

Gajan Kristnaskon 
Esperanto

Rõõmsaid Jõulupühi 
Estoniano

Zorionak eta Urte Berri On 
Euskera

Cristmas-e-shoma mobarak bashad 
Farsi

Hyvää Joulua or Hauskaa Joulua 
Finlandés

Zalig Kerstfeest en Gelukkig nieuw jaar 
Flamenco

Joyeux Noël et Bonne Année 
Francés

Nollaig chridheil agus Bliadhna mhath ur 
Gaélico

Nadolig LLawen a Blwyddyn Newydd Dda 
Galés

Bo Nadal e feliz aninovo
Gallego

Kala Christougenna Kieftihismenos O Kenourios Chronos 
Griego

Mele Kalikimaka 
hawaiano

Mo'adim Lesimkha. Shana Tova 
Hebreo

Vrolijk Kerstfeest en een Gelukkig Nieuwjaar 
Holandés

Kellemes Karacsonyiunnepeket & Boldog Új Évet 
Húngaro

Selamat Hari Natal 
Indonesio

Merry Christmas and Happy New Year 
Inglés

Idah Saidan Wa Sanah Jadidah 
Iraquí

Nollaig Shona Dhuit 
Irlandes

Gledileg Jol og Farsaelt Komandi ar 
Islandés



Buon Natale e Felice Anno Nuovo 
Italiano

Shinnen omedeto. Kurisumasu Omedeto 
Japonés

Natale hilare et Annum Nuovo! 
Latín

Prieci'gus Ziemsve'tkus un Laimi'gu Jauno Gadu 
Letón

Linksmu Kaledu 
Lituano

Streken Bozhik 
Macedonio

Selamat Hari Natal 
Malayo

Nixtieklek Milied tajjeb u is-sena t-tabja 
Maltés

Kung His Hsin Nien bing Chu Shen Tan 
Mandarín

Meri Kirihimete 
Maorí

Zul saryn bolon shine ony mend devshuulye 
Mongolés

God Jul og Godt Nyttår 
Noruego

Polit nadal e bona annada 
Occitano

Bikpela hamamas blong dispela Krismas na Nupela yia i go long yu 
Tok Pisin (hablado en Papúa Nueva Guinea)

Wesolych Swiat Bozego Narodzenia i Szczesliwego Nowego Roku 
Polaco

Boas Festas e um feliz Ano Novo 
Portugués

Mata-Ki-Te-Rangi. Te-Pito-O-Te-Henua 
Rapa-nui

Sarbatori vesele 
Rumano

Pozdrevlyayu s prazdnikom Rozhdestva is Novim Godom 
Ruso

ciid wanaagsan iyo sanad cusub oo fiican 
Somalí

Wilujeng Natal Sareng Warsa Enggal 
Sudanés

God Jul och Gott Nytt År 
Sueco

ºKrismas Njema Na Heri Za Mwaka Mpyaº 
Swahili

Suksan Wan Christmas lae Sawadee Pee Mai 
Tailandés

Nathar Puthu Varuda Valthukkal 
Tamil

Noeliniz Ve Yeni Yiliniz Kutlu Olsun 
Turco

Veseloho Vam Rizdva i Shchastlyvoho Novoho Roku! 
Ucraniano

Chuc Mung Giang Sinh 
Vietnamita

Sinifesela Ukhisimusi Omuhle Nonyaka Omusha Onempumelelo 

Zulú

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El Profeso y el chamán

El Profeso y el chamán: en preparación. 

Sinopsis: Fray Gian Galeazzo y su hija Ginebra Ruspoli se encuentran en la fabulosa biblioteca de su mansión neoyorquina leyendo el libro de historia Retratos, anécdotas de los linajes Borja, Téllez-Girón, Marescotti y Ruspoli de su descendiente Carlo Emanuele. Este libro fue una fuente documental para su anterior misión en pleno Renacimiento, donde los Ruspoli, alia-dos de los Borja, les ayudaron a superar algunas de las múltiples dificultades e intrigas que intentaron ahogarlos, en aras de deshacer la leyenda negra que rodea dos generaciones Borja, la del papa Alejandro VI y de sus hijos Hitebi , Cesar, Lucrecia y Godofredo. Atraídos por la extraordinaria figura de Emanuele Ruspoli, se dan cuenta que su muerte prematura a los sesenta y un año es debida a la  enfermedad de la diabetes,  bastante desconocida a finales del siglo XIX. Solo veinte años después de su muerte se descubre la insulina que transforma el porvenir de los diabéticos, pero las presencia de la insulina en hierbas medicinales, como los frutos de la Mormodica charantia o de la Gymnena sylvestre que son ampliamente utilizados en Siberia para tratar la diabetes, anima a Fray Gian Galeazzo a viajar a Roma en el siglo XIX, tras la creación del reino de Italia, para ayudar a su descendiente a aliviar sus síntomas y tratar de arrestar el progreso de su enfermedad. Una copia del Códice Borgia indica a Gian Galeazzo que la solución, para encontrar y reconocer los remedios naturales contra la diabetes, es consultar con un chamán. El Profeso inicia así un viaje iniciático, desde Roma hasta el corazón de Siberia, a fines del siglo XIX. El motivo aparente de su arriesgada travesía es conseguir ese  bálsamo milagroso que podría devolver la salud a su descendiente. Pero también lo impulsa el deseo de huir de una pesadilla recurrente a la que no halla explicación. Su búsqueda lo llevará al encuentro de Gabdulkhay Akhatov, uno de los últimos grandes chamanes siberianos. Fray Gian Galeazzo vivió también otra experiencia esotérica  en México que visitó como antropólogo. Los encuentros iniciáticos con un nagual o brujo yaqui Hitebi Yaitowi  se relatarán en letra cursiva. El chamán (del idioma tungu, de Siberia, xaman o schaman, y éste del verbo scha, "saber"), es un individuo al que se le atribuye la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva de esta, de manera que no responden a una lógica causal. Esto se puede expresar finalmente, por ejemplo, en la facultad de curar, de comunicarse con los espíritus y de presentar habilidades visionarias y adivinatorias. Es el término usado para indicar a este tipo de persona, presente principalmente en las sociedades cazadoras y recolectoras de Asia, África, Amé-rica y Oceanía y también en culturas prehistóricas de Europa. En algunas culturas se cree también que el chamán puede indicar en qué lugar se encuentra la caza e incluso alterar los factores climáticos. He aquí algunas de las primeras enseñanzas de un chamán:
El poder reside en el tipo de conocimiento que uno posee. ¿Qué sentido tiene conocer cosas inútiles? Eso no nos prepara para nuestro inevitable encuentro con lo desconocido.
Nada en este mundo es un regalo. Lo que ha de aprenderse debe aprenderse arduamente.
Un hombre va al conocimiento cómo va a la guerra: bien despierto, con miedo, con respeto y con absoluta confianza. Ir de cualquier otra forma al conocimiento o a la guerra es un error, y quien lo cometa puede correr el riesgo de no sobrevivir para lamentarlo. Cuando un hombre ha cumplido estos cuatro requisitos -estar bien despierto, y tener miedo, respeto y absoluta confianza- no hay errores por los que deba rendir cuentas; en tales condiciones, sus acciones pierden la torpeza de las acciones de un necio. Si un hombre así fracasa o sufre una derrota, no habrá perdido más que una batalla, y eso no le provocará lamentaciones lastimosas.
Ocuparse demasiado de uno mismo produce una terrible fatiga. Un hombre en esa posición está ciego y sordo a todo lo demás. La fatiga misma le impide ver las maravillas que lo rodean.
Cada vez que un hombre se propone aprender tiene que esforzarse como el que más, y los límites de su aprendizaje están determinados por su propia naturaleza. Por tanto, no tiene sentido hablar del conocimiento. El miedo al conocimiento es natural; todos lo experimentamos, y no podemos hacer nada al respecto. Pero por temible que sea el aprendizaje, es más terrible la idea de un hombre sin conocimiento.
Enfadarse con la gente significa que uno considera que los actos de los demás son importantes. Es imperativo dejar de sentir de esa manera. Los actos de los hombres no pueden ser lo suficientemente importantes como para contrarrestar nuestra única alternativa viable: nuestro encuentro inmutable con el infinito.
Cualquier cosa es un camino entre un millón de caminos. Por tanto, un guerrero siempre debe tener presente que un camino es sólo un camino; si siente que no debería seguirlo, no debe permanecer en él bajo ninguna circunstancia. Su decisión de mantenerse en ese camino o de abandonarlo debe estar libre de miedo o ambición. Debe observar cada camino de cerca y de manera deliberada. Y hay una pregunta que un guerrero tiene que hacerse, obligatoriamente: ¿Tiene corazón este camino? Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte. Sin embargo, un camino sin corazón nunca es agradable. En cambio, un camino con corazón resulta sencillo: a un guerrero no le cuesta tomarle gusto; el viaje se hace gozoso; mientras un hombre lo sigue, es uno con él.
Existe un mundo de felicidad donde no hay diferencia entre las cosas porque en él no hay nadie que pregunte por las diferencias. Pero ése no es el mundo de los hombres. Algunos hombres tienen la arrogancia de creer que viven en dos mundos, pero eso es pura arrogancia. Hay un único mundo para nosotros. Somos hombres, y debemos transitar con alegría el mundo de los hombres.
El hombre tiene cuatro enemigos naturales: el miedo, la claridad, el poder y la vejez. El miedo, la claridad y el poder pueden superarse, pero no la vejez. Su efecto puede ser pospuesto, pero nunca vencido.

martes, 5 de noviembre de 2013

El Profeso y los Borgia

El Profeso y los Borgia: 1.157 páginas en formato A4, más de  377.000 palabras. Décima de la saga de Fray Gian Galeazzo Ruspoli, Profeso de la Orden de San Juan de Jerusalén.


Sinopsis: Mientras la peste negra devastaba Europa, los ciudadanos apartaban los ojos de la tierra y miraban hacia el cielo con desesperación. Algunos, los más inclinados hacia el pensamiento filosófico, intentaban encontrar ahí los secretos de la existencia, aquello que les permitiera desentrañar los grandes misterios de la vida; otros, los más pobres, tan sólo buscaban aliviar su sufrimiento. Y fue así como la rígida doctrina religiosa de la Edad Media empezó a perder su poder y fue reemplazada por el estudio de las grandes civilizaciones de la Antigüedad. A medida que la sed por las Cruzadas empezó a disminuir, los héroes del Olimpo renacieron y sus batallas volvieron a ser libradas. Fue así como los hombres le dieron la espalda a Dios y la razón volvió a reinar. Aquéllos fueron tiempos de grandes logros en la filosofía, en el arte, en la medicina y en la música. La cultura floreció con gran pompa y ceremonial, pero los hombres tuvieron que pagar un precio por cerrar sus corazones a Dios. Las viejas leyes se rompieron antes de crear otras nuevas que las suplieran. El humanismo, aquel giro desde el estricto cumplimiento de la palabra de Dios y la fe en la vida eterna hacia el «honor del hombre» y la búsqueda de recompensas en el mundo material, supuso, en realidad, una difícil transición. Entonces, Roma no era una ciudad bendita; era un lugar sin ley. En las calles, los ciudadanos eran asaltados y sus hogares saqueados, las prostitutas campaban a sus anchas y cientos de personas morían asesinadas. El país que conocemos como Italia aún no existía. Dentro de los límites de la «bota», el destino de cada ciudad era regido por rancias familias, reyes, señores feudales, duques u obispos. En lo que hoy es Italia, los vecinos luchaban entre sí por sus tierras, y aquellos que lograban la victoria siempre se mantenían en guardia, al acecho de la siguiente invasión. Las potencias extranjeras, siempre ávidas de conquistas, suponían una constante amenaza para los pequeños feudos de Italia. Los soberanos de España y Francia luchaban por ampliar sus fronteras y los turcos amenazaban las costas de la península. La Iglesia y la nobleza se disputaban el poder. Tras el Gran Cisma, cuando la existencia de dos papas dividió la Iglesia y redujo de forma dramática sus ingresos, la restauración de un único trono papal en Roma auguraba una nueva etapa de esplendor para el papado. Más poderosos que nunca, los líderes espirituales de la Iglesia sólo debían enfrentarse al poder terrenal de los reyes y los señores feudales. Y, aun así, la Santa Iglesia vivía sumida en una constante agitación, pues la corrupción se había asentado hasta en las más altas esferas del papado. Ignorando sus votos de castidad, los cardenales visitaban asiduamente a las cortesanas e incluso mantenían varias amantes al mismo tiempo. Los sobornos estaban a la orden del día y los clérigos eximían a los nobles de sus deberes para con Dios y perdonaban los más atroces pecados a cambio de dinero. Se decía que en Roma todo tenía un precio; con suficiente dinero se podían comprar iglesias, perdones, bulas e incluso la salvación eterna. El segundo hijo varón de cada familia era educado desde su nacimiento para la vida eclesiástica, tuviera o no vocación religiosa. La Iglesia ostentaba el derecho de coronar reyes y conceder todo tipo de privilegios terrenales, por lo que no había familia aristocrática en Italia que no ofreciese cuantiosos sobornos para conseguir que alguno de sus miembros ingresara en el colegio cardenalicio. Así era la vida en el Renacimiento. Así era el mundo del cardenal, luego papa, Rodrigo Borgia y de su familia. En pleno Renacimiento, Fray Gian Galeazzo Ruspoli y su hija Ginebra deciden esta vez viajar para ayudar y desenredar algunas de las maquinaciones e intrigas de los Borgia. La familia Ruspoli vive aún en la Toscana, entre Siena y Florencia, y no ha recalado todavía en Roma, por lo tanto no se producen rivalidades con las grandes familias romanas. Teniendo en cuenta que los Borgia y los Ruspoli estarán entroncados en otra época, Gian Galeazzo, ayudado por su hija, crea el enlace oportuno para convertirse en un buen aliado de los primeros. Entonces, establecen y regentan una librería que se convierte en el centro de las tramas de Roma. La institución se convierte en un símbolo del clan español de los Borgia, que gobiernan la ciudad con mano de hierro. Las grandes familias romanas que conspiran para conseguir la caída del Papa y de sus ambiciosos hijos Juan, César y Lucrecia, consideran la librería como uno de los objetivos a destruir. Gian Galeazzo y Ginebra son sobriamente felices a pesar de las traiciones, complots, adulterios, guerras y asesinatos que les rodean y que intentan resolver. Sin embargo Juan Borgia, un joven que detiene el poder delegado por su padre, y que no acepta negativas se encapricha de Ginebra. A partir de ese momento, padre e hija deberán enfrentarse al poder de sus protectores, los Borgia, para salvar su dignidad. Este es el inicio de unas gestas que llevarán a Gian Galeazzo a luchar junto al Gran Capitán por la conquista de Nápoles; a convertirse en fraile para derrocar a Savonarola en Florencia; a salvar la vida de un hijo de César Borgia; a luchar contra naves corsarias en el Mediterráneo y finalmente a enfrentarse a la Inquisición y a la peste en Valencia.